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5 consejos para ganarle al miedo escénico

Sí, el bendito miedo escénico. ¿No te pasa que tienes una idea genial que comunicar pero existe una barrera que impide ser conocida? Te presento el miedo escénico, esa sensación que paraliza, genera duda de lo que se supone somos expertos y provoca que algo que tenemos perfectamente definido en la mente se materialice en un montón de palabras sueltas y sin sentido.

Ahora, vale aclarar que el miedo escénico no es algo malo o que haya que matar, al contrario, representa en muchas ocasiones un sinónimo de querer hacer bien las cosas y por eso los nervios atacan de tal forma que sudamos, nos estresamos y queremos salir huyendo minutos antes de una charla o ponencia.

Pero si es algo que tenemos allí como compañero permanente… ¿cómo lidiamos con eso?

Puedo decir como experiencia personal que veo el miedo escénico como ese familiar intenso que siempre indaga tu vida y quiere actualizaciones de tus ingresos, tu pareja y si ya te mudaste de casa de tus padres cada vez que se encuentran en Navidad. Es tedioso, sabes que estará presente con sus preguntas incómodas, pero eso no te limita a asistir a la reunión familiar, salir victorioso del interrogatorio y de paso disfrutar la noche. Así tal cual es con este miedo: probablemente esté presente cada vez que vayas a subir al escenario o a entrar a clases, pero aprenderás a sobrellavarlo y sacar ventaja de esa sensación para usarlo a favor.

Por eso, te dejo estos 5 consejos que a título personal mantengo como recordatorios antes de cualquier presentación, siendo mi arma clave y oculta para vencer este supuesto mal:

  1. Los nervios se transforman en energía: ya te había comentado que es buen signo el hecho de estar nervioso, porque significa que te importa hacer las cosas bien y no quieres defraudar a tu audiencia. Créeme, el día que vayas a decir una charla o discurso y no sientas ni el mínimo nervio, no supone que superaste tu miedo, sino que ya dejó de importarte hacerlo bien. Por eso, ese nerviosismo puede ser transformado en energía que te motive a dar lo mejor de ti, a repasar tu ponencia, a tomar nota de lo que debes mejorar y a siempre estar en mentalidad de mejora cuando se trate de hablar en público.
  2. Calienta tu voz: la idea de subir al escenario o empezar a dictar una clase de 2 horas sin calentar tu voz es una masacre donde el único culpable eres tú. Tu voz es tu arma y tu mejor amiga, por eso debes cuidarla con ejercicios de calentamiento antes de cada presentación. (Para ejercicios específicos de calentamiento sígueme en @marieegomezl y activa las notificaciones de publicaciones).
  3. ¿Cómo iniciarás tu ponencia?: nadie se salva de quedar en blanco en algún momento mientras habla en público o de sufrir el hecho de que ideas se vayan de paseo por segundos mientras tratas de recobrar tu posición ante todas las personas que te ven, sin embargo, si hay algo que puedes evitar y tener de tu lado a favor es el hecho de que tu idea inicial o esa primera oración que darás sea dicha sí o sí. Para lograrlo solo debes repasar en tu mente una y otra vez la frase de bienvenida antes de dar tu charla. Esto te dará un inicio seguro y confiado y podrás ir ligando el resto de tu contenido a medida que vas desarrollando la idea principal.
  4. Tu segunda mejor amiga: una botella de agua. Si la voz es tu mejor amiga, hidratarte es el regalo que le das a tu mejor amiga cada cierto tiempo para recordarle que te importa. El tabú de que un buen expositor no se detiene para tomar agua es una falacia, ya que la hidratación es súper importante durante tu discurso. No solo te da oportunidad para pequeños silencios o pausas donde puedes mentalmente retomar tus ideas, sino que esto evitará que en medio de una charla importante empieces con la tos distractora o peor aún, a interrumpirte a ti mismo para pedir agua a alguien. Ya sabes, ningún soldado muere en batalla al ser bien avisado.
  5. ¿Qué hago si no recuerdo que sigue en mi charla?: primero que todo… ¡CALMA! Y sí, en momentos en que tu idea está aún procesándose, la clave para no morir en el intento cayendo en tics lingüísticos es el silencio. Una pausa breve, ni muy larga ni tampoco de 1 segundo es el arma perfecta para reacomodar tu mente, darle chance a tu audiencia de terminar de digerir la idea anterior y a la vez te da un aire profesional ya que es recomendado hacer pausas de por sí cuando pasamos de una idea a otra.

Entonces, con este top 5 a mano… ¿quién dijo miedo escénico?

Si deseas perfeccionar tu técnica te invito a estar pendiente al lanzamiento de mi nuevo Podcast Escribe tu Historia, donde justo el primer episodio será para tocar a fondo estos consejos y ganarle de una vez por todas al miedo escénico.

Y como bonus, siempre es bueno monitorear cómo somos hablando en público, por lo que te invito a hacer el siguiente ejercicio: grábate con tu celular desarrollando un tema por aproximadamente 2 minutos. Una vez finalizad ala grabación, mírate y pon detenida atención a tus tics lingüísticos, lenguaje corporal y pausas entre ideas. Si deseas compartirme tu grabación para recibir un feedback de mi parte envíame el video a mariee4192@gmail.com

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